Verona en bici

Piazza Bra es el punto de partida de nuestro tour.
Delimitan la plaza: al oeste el llamado «Liston» (1), largo paseo de piedra tradicional lugar de paseo de los veroneses, al este el Palazzo Barbieri (2), sede del Ayuntamiento, y al sur el Palazzo della Gran Guardia (3), realizado entre el s.XVI y el s.XIX, hoy, después de la última restauración de 2001, sede de muestras y convenciones, y los Portoni della Bra (4), hechos construir por Visconti durante el dominio de la ciudad al final del s.XIV. Desde aquí se accede al Museo Lapidario Maffeiano, uno de los museos públicosmás antiguos de Europa, que fue fundado en 1745 y muestra la colección epigráfica griega, etrusca, peleoveneta, romana y árabe recogida por Scipione Maffei, hombre ilustre de la cultura veronesa.
Pero la que domina la plaza es l’Arena (A), del s.I d.C., grandioso anfiteatro romano y símbolo de la ciudad.
Del anillo externo que lo rodeaba, destruido por los terremotos de 1117 y 1183, se conserva sólo un corto tramo de casi 30 metros que los veroneses llaman el «ala». Originalmente l’Arena se situaba en la parte exterior de la muralla más antigua de la ciudad, podía albergar un número de espectadores (30.000) superior a el de los habitantes de la ciudad en el mismo periodo. El emperador Galleno en el s.III d.C., para enfrentarse a las continuas invasiones bárbaras, construyó una nueva muralla que dejaba el anfiteatro dentro del nuevo espacio urbano amurallado.
En 1913 con la representación en l’Arena de Aida de Giuseppe Verdi (gracias a la intuición del tenor veronés Giovanni Zenatello) y a la presecia de músicos como Puccini, Boito y Mascagni y escritores como Franz Kafka, se dio vida al Festival lírico Areniano, que se celebra cada verano desde entonces, interrumpido sólo durante las dos guerras mundiales.
Dejamos la plaza tomando via Roma, junto a los Portoni della Bra. En el número 31, está el Palazzo Carli (5), que en el s.XIX era sede del comando austrohúngaro. Aquí, en 1866, fue firmado el acta por la cual los austriacos dejaron la ciudad al final de la tercera Guerra de Independencia. Al final de via Roma, pasada la estatua de Camillo Benso, conde de Cavour (estadista del Risorgimento) que, en 2012 encontró aquí su nueva ubicación (y dejando atrás, por el momento, el Castello Scaligero, que veremos bien dentro de poco) giramos a la izquierda y, llegando inmediatamente después al semáforo, giramos a la derecha tomando la Rigaste San Zeno. El término «rigaste» indica, en dialecto, el tramo de orilla elevado sobre la calle que corre paralelo al Adige. Para recorrerlo conviene subir sobre la acera (¡llevando la bici de la mano!, por las rampas de acceso al principio y al final) desde donde se disfruta de una bella vista sobre el castillo y el río.
Justo antes de la rampa de subida, al final del foso que circunda el Castillo, a la izquierda sobresale el cambanario de una de las iglesias más antiguas dedicadas a San Zeno, patrón de Verona: San Zeno in Oratorio (6). Esta pequeña iglesia del s.XII, según la tradición, alberga la roca del río sobre la cual le gustaba pescar a Zeno en el Adige.

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