9. Piazzetta Brà Molinari, detrás de Santa Anastasia

Delante del río, que le recuerda al Arno, delante de las colinas, también familiares, Dante no puede evitar sentir una profunda nostalgia, una nostalgia amarga que le consume…
Justo aquí, frente a nosotros, a la derecha del Teatro Romano, se elevaba el palacio de Teodorico, cuyos restos eran aún visibles en tiempos de Dante. Junto al rey de los Godos, trabajó como ministro el filósofo Boezio, autor de “De Consolatione Philosophiae”. El pensamiento de Dante se va hacia otro inocente víctima de la injusticia: Boezio fue acusado de conspiración, Teodorico le condenó, y después de un año de prisión, lo hizo ajusticiar. El recuerdo de este crimen habría atormentado al rey bárbaro hasta el último de sus días: se cuenta que Teodorico, encerrado en su palacio veronés, tenía terribles visiones.
Dante, delante del río, piensa con rabia en el triste fin del filósofo, pero después se tranquiliza y lo siente cerca: en la cárcel Boezio había encontrado la fuerza para soportar su injusta condena con espíritu cristiano y amor por la sabiduría, único consuelo verdadero ante las injusticias de la vida. Dante vuelve a imaginarlo en Paraíso, donde seguramente se encuentra su alma, finalmente satisfecha por la beatitud eterna (canto X.vv.121-130).

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